Lo que debes saber sobre los bultos en la piel

prevención- longevidad y enfermedades crónicas Feb 04, 2026
CONTIVIDA
Lo que debes saber sobre los bultos en la piel
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Descubrir un bulto nuevo en la piel puede ser motivo de preocupación, sobre todo cuando no se trata de algo común como un lunar, una verruga o una roncha. Los términos Sbulto o Sprotuberancia engloban diferentes formas que pueden estar en la superficie o justo debajo de la piel, y su apariencia varía desde una leve elevación hasta un abultamiento visible. Estas formaciones pueden ser suaves o firmes, móviles o fijas, redondeadas o irregulares, y su crecimiento puede ser lento o rápido. Afortunadamente, la mayoría no representan un riesgo grave para la salud.

Tipos más frecuentes de bultos en la piel

Aunque algunos tipos de cáncer de piel pueden manifestarse como protuberancias por ejemplo, ciertos carcinomas que se presentan como pequeñas cúpulas brillantes o verrugosas, la mayoría de estos bultos corresponden a tumores benignos o quistes. Los más habituales son los quistes epidérmicos y los lipomas.

  • Quistes epidérmicos: Aparecen comúnmente en el rostro o la espalda y se sienten como pequeñas bolitas bajo la piel. Se originan a partir de los folículos pilosos y contienen keratina, una proteína que se asemeja a una sustancia pastosa. En el cuero cabelludo, una variante llamada quiste pilar es frecuente. Aunque benignos, pueden inflamarse o infectarse, provocando enrojecimiento, dolor y aumento de tamaño. En estos casos, es importante buscar atención médica para recibir el tratamiento adecuado, que puede incluir drenaje o antibióticos.
  • Lipomas: Son tumores grasos benignos que suelen localizarse en el tronco o los hombros. Su crecimiento es generalmente lento y en ocasiones tienen un componente hereditario. Tienen una textura blanda y maleable, y usualmente no son visibles a simple vista a menos que alcancen un tamaño considerable. Si el lipoma presiona nervios cercanos, puede causar molestias, por lo que en ciertos casos se recomienda su extracción mediante cirugía, liposucción o incluso inyecciones específicas.

Otros tipos de bultos y sus características

Además de los quistes y lipomas, existen otros tipos de protuberancias con particularidades propias:

  • Angiomas cereza: Son pequeños bultos lisos, redondos y de color rojo, causados por un crecimiento excesivo de vasos sanguíneos superficiales. Varían en tamaño desde un punto diminuto hasta el tamaño de una goma de borrar y suelen aparecer de forma repentina, especialmente en el torso de personas mayores de 40 años.
  • Dermatofibromas: Son pequeñas protuberancias firmes de color marrón o rosado, que contienen tejido cicatricial. Pueden desarrollarse tras una lesión o mordedura de insecto. A veces causan comezón o se hunden al pellizcarlos, pero no suelen provocar dolor.
  • Queloides: Resultan de un crecimiento exagerado del tejido cicatricial más allá del área lesionada. Aunque no son dañinos, pueden causar picazón y afectar la apariencia estética.
  • Sarcomas: Son tumores malignos que pueden parecerse a quistes o lipomas, pero habitualmente crecen más rápido. Se sienten más firmes y menos definidos que un quiste epidérmico y a menudo causan dolor. La presencia de dolor incluso sin tocar el bulto debe considerarse una señal de alerta.

Cuándo acudir al médico con urgencia

Aunque la mayoría de los bultos cutáneos son benignos, hay situaciones que requieren atención médica inmediata:

  • Bultos que crecen rápidamente, sangran o presentan dolor.
  • Protuberancias con signos de infección, como enrojecimiento o sensibilidad.
  • Bultos cercanos a ganglios linfáticos (axilas, ingles, cuello), ya que la inflamación persistente de estos nodos puede ser indicativa de enfermedades graves, incluyendo cáncer.
  • Síntomas asociados como pérdida de peso inexplicada, fiebre o escalofríos.

Recomendaciones para el cuidado y seguimiento

Para proteger tu salud y evitar complicaciones, es fundamental seguir estos consejos:

  1. Observar detenidamente: Registra el tamaño, textura, color y cualquier cambio que notes en el bulto.
  2. Consultar en tu próxima visita médica: Solicita que un profesional lo revise, sobre todo si el bulto crece rápido, duele, sangra o se infecta.
  3. Comunicar molestias: Si el bulto genera incomodidad o afecta tu apariencia, menciona estos aspectos para que se evalúe la necesidad de tratamiento.
  4. Monitorear su evolución: Algunos bultos pueden inflamarse temporalmente y luego disminuir, pero deben mantenerse bajo observación.

En muchos casos, el diagnóstico se realiza con una simple inspección visual; sin embargo, en ciertas ocasiones pueden requerirse estudios complementarios como biopsias o imágenes para confirmar su naturaleza.

Recordar que la mayoría de los bultos en la piel no son peligrosos puede ayudar a disminuir la ansiedad. No obstante, mantener la vigilancia y consultar ante cualquier cambio o molestia es clave para recibir un cuidado oportuno y adecuado.

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