Fibromas uterinos: un desafío que acompaña más allá de la menopausia

prevención- longevidad y enfermedades crónicas Feb 04, 2026
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Fibromas uterinos: un desafío que acompaña más allá de la menopausia
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Fibromas uterinos: un reto que persiste más allá de la menopausia

Para muchas mujeres, la menopausia es una etapa que trae consigo la esperanza de liberarse de las molestias relacionadas con el ciclo menstrual y las preocupaciones propias de la fertilidad. Sin embargo, esta fase puede presentar desafíos inesperados, especialmente para quienes tienen fibromas uterinos, también conocidos como leiomiomas. Estas formaciones benignas en la pared del útero afectan hasta a ocho de cada diez mujeres antes de los 50 años y no siempre desaparecen con la reducción de estrógenos que caracteriza la menopausia.

Fibromas: un problema que no se limita a la juventud

Contrario a la creencia común de que los fibromas son exclusivos de mujeres jóvenes, diversas investigaciones indican que estos tumores pueden surgir o aumentar de tamaño en mujeres de mediana edad y hasta después de la menopausia. Se estima que alrededor de un tercio de los diagnósticos se realiza durante la etapa perimenopáusica, los últimos años reproductivos de la mujer. Algunas pueden tener fibromas pequeños y asintomáticos desde antes, que solo se hacen evidentes cuando crecen en la mediana edad.

Síntomas que persisten o emergen durante y después de la menopausia

Los fibromas pueden ocasionar una variedad de síntomas que incluyen sangrados abundantes y prolongados, dolor en la pelvis o la parte baja de la espalda, sensación de distensión abdominal, necesidad frecuente de orinar e incluso molestias durante las relaciones sexuales. Aunque la disminución de estrógenos suele mejorar estas manifestaciones, no siempre sucede así. En ciertos casos, los fibromas continúan creciendo aún después de la menopausia, afectando significativamente la calidad de vida.

Un seguimiento a mujeres postmenopáusicas durante cinco años mostró que los fibromas pequeños tienden a crecer a un ritmo mayor que los grandes, especialmente en mujeres con sobrepeso u obesidad. Esto destaca la importancia de considerar factores como el peso corporal en el manejo de esta condición.

El papel de las hormonas en el desarrollo de los fibromas

Las hormonas juegan un papel fundamental en la evolución de los fibromas. Estos tumores son dependientes del estrógeno para su crecimiento, por lo que la terapia hormonal para aliviar síntomas menopáusicos puede agravar la situación. Por otro lado, en mujeres en la etapa premenopáusica o en transición, el uso de anticonceptivos combinados que incluyen estrógeno y progestina puede ayudar a controlar los síntomas sin estimular el crecimiento fibromatoso, al modificar el ciclo hormonal natural.

Opciones de tratamiento en la etapa postmenopáusica

Manejar los fibromas después de la menopausia puede ser más complejo debido a los cambios hormonales que ocurren con el tiempo. Aunque el sangrado anormal suele disminuir, otros síntomas relacionados con la presión que ejercen los fibromas sobre órganos cercanos, como la vejiga, pueden continuar. Esto se manifiesta en la necesidad frecuente de orinar, pérdida involuntaria de orina y dolor lumbar.

El monitoreo constante es esencial para detectar cualquier crecimiento inusual que pueda indicar riesgo de malignidad, aunque esta transición es rara. En estas situaciones, puede ser necesaria la intervención quirúrgica. Las opciones más comunes incluyen la miomectomía, que consiste en la extracción de los fibromas, y la histerectomía, la remoción total del útero.

Otros tratamientos menos invasivos pueden perder efectividad tras la menopausia, ya que la caída natural de estrógenos limita la respuesta a terapias que actúan bloqueando esta hormona. Por ello, la elección del tratamiento debe ser personalizada, considerando la intensidad de los síntomas y el estado general de salud de cada mujer.

Reflexión final

Los fibromas uterinos no desaparecen automáticamente con la llegada de la menopausia. Su evolución es variable y puede requerir atención continua incluso en etapas avanzadas de la vida femenina. Comprender esta realidad es fundamental para ofrecer un manejo adecuado que contribuya al bienestar integral de las mujeres en todas las edades.


Caso ilustrativo:
María, de 48 años, comenzó a sufrir sangrados intensos y dolor pélvico durante su transición a la menopausia. Al realizar estudios, se detectaron varios fibromas que habían crecido de forma silenciosa en los últimos años. Se le explicó que, aunque la menopausia suele aliviar este cuadro, en su caso sería necesario un tratamiento específico para controlar los síntomas y prevenir complicaciones.


Síntomas comunes asociados a fibromas en la perimenopausia y menopausia:

  • Sangrado menstrual abundante o irregular
  • Dolor pélvico o lumbar frecuente
  • Sensación de hinchazón abdominal
  • Necesidad constante de orinar
  • Dolor durante las relaciones sexuales
  • Sensación de presión en la vejiga

Este conocimiento permite a mujeres y profesionales de la salud anticipar y manejar mejor los fibromas en todas las etapas de la vida, favoreciendo una mejor calidad de vida femenina.

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