Comprendiendo el síndrome cardiovascular-renal-metabólico para cuidar tu salud integral

prevención- longevidad y enfermedades crónicas Feb 04, 2026
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Comprendiendo el síndrome cardiovascular-renal-metabólico para cuidar tu salud integral
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El síndrome cardiovascular-renal-metabólico (CKM) se divide en cinco etapas que reflejan la evolución y gravedad de las condiciones asociadas, permitiendo una valoración más precisa del riesgo individual y promoviendo intervenciones oportunas y efectivas.

Etapa 0: Ausencia de factores de riesgo
En esta fase, la persona no presenta condiciones relacionadas con el síndrome CKM, lo que indica un estado de salud cardiovascular, renal y metabólica óptimo.

Etapa 1: Factores iniciales presentes
Se consideran aquí condiciones como el sobrepeso, especialmente la acumulación abdominal de grasa, además de la prediabetes. Esta última se define por niveles de hemoglobina glucosilada (HbA1c) entre 5.7% y 6.4%, o glucosa en ayuno entre 100 y 125 mg/dL, indicadores clave para identificar riesgo temprano.

Etapa 2: Enfermedades metabólicas establecidas
En este nivel, se encuentran personas con diagnóstico de diabetes tipo 2, hipertensión arterial, niveles elevados de triglicéridos o daño renal incipiente, lo que indica una progresión en la afectación metabólica y orgánica.

Etapa 3: Enfermedad cardiovascular incipiente o riesgo elevado
Se mantiene la presencia de las enfermedades de la etapa 2, sumado al desarrollo de enfermedad cardiovascular en fases iniciales o un riesgo alto de presentarla, demandando un seguimiento clínico más riguroso.

Etapa 4: Enfermedad cardiovascular avanzada
Esta etapa incluye manifestaciones clínicas evidentes como infarto de miocardio, accidente cerebrovascular o insuficiencia cardíaca, junto con las condiciones metabólicas y renales previas. Se subdivide en:

  • 4a: Sin insuficiencia renal.
  • 4b: Con insuficiencia renal.

La evaluación integral del riesgo se apoya en biomarcadores específicos que reflejan cada estadio, facilitando la prevención y el manejo adecuado, en línea con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud y otras organizaciones internacionales de salud.

Por ejemplo, una persona con prediabetes y acumulación excesiva de grasa abdominal correspondería a la etapa 1, mientras que alguien con diabetes tipo 2 y antecedentes de infarto se clasificaría en etapa 4, subdividida según la función renal. Esta clasificación es una herramienta clave para la toma de decisiones clínicas personalizadas y subraya la importancia de controlar los factores de riesgo desde etapas tempranas para evitar complicaciones severas y mejorar la calidad de vida.

En resumen, la identificación y el manejo temprano del CKM pueden reducir significativamente el impacto de estas enfermedades interrelacionadas, promoviendo una atención integral y efectiva que favorezca la salud cardiovascular, renal y metabólica en la población.

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